30.5.17

Carta de un amante ingenuo.



Mi amada, vivía en tu voz, la escuchaba sin siquiera entenderla, me bastaba con acumular el sonido, el tono, el final de besos y luciérnagas, la nieve acumulada sobre el tejado, la transparencia de su recompensa, la resurrección de mi carne, tu vida eterna, amén.

Como en un sagrario atesoraba voz y memoria, rumor de párpados y oscuridad, memoria y resignación, el cuchillo del silencio cortando mi fe con insolencia, el bisturí que inauguró el amor/sexo, la estela de la resistencia, la búsqueda visceral del borde del universo, lo otro, lo tuyo.

A tu lado me sentía diminuto y fugaz, acuclillado bajo tu espacio de flores serias, de jardines, del planeta de tu saber, paralelo a tu voz de consonantes, de vocales como rocío, de los verbos deslizándose por tu paladar, daba palmas por el privilegio de estar en el círculo de tu piel rosa, los días impares, días contados, horas marcadas, placidez tendida sobre la alfombra de…

Perdona, esta carta ¿es para mí?

Depende, ¿quién eres?

¿No reconoces mi voz?

Laura

No.

Carmen.

No.

Begoña.

No.

Elisa.

No.

Me rindo.

Si no sabes quién soy métete la carta donde te quepa.

Oh, lo siento. Vaya, que mal carácter tiene usted.

Gilipollas.

29.5.17

De soles y lluvias.



Aquella mañana el ascensor se detuvo en una plaza y de ahí subimos al cielo, sin atajos, sin reloj, acurrucados en el escondrijo de querernos sin aun saberlo, tanteándonos como ciegos en mitad de un viñedo, en el escondrijo de un nosotros que levantamos como un himno, doblamos el mapa y tan pronto nos encontrábamos ahí como aquí, sin abismos, sin otra orientación que gozarnos en la mirada y los suspiros, con el sentimiento como un ramo de jazmines embriagadores, habitantes en la locura de lo imposible, desintegrados, enamorados sin mañana y sin equipaje, entregados, cómplices, amantes, tú y yo.

A la tarde llovió.

28.5.17

De necesidades y otras cosas.



Bella, tú y yo necesitamos amor sin medida, amor rodando cuesta abajo, amor como un veneno dulce, amor de nuestros cuerpos sudando en la cama, temblando, gimiendo, mordiéndose los labios, amor que necesita otro cuerpo, el de ese corazón herido, ausente.

Pobre, pobres de nosotras las amantes, San Judas nos bendiga, Santa Margarita del Amor Perdido, rupturas reventando como abscesos de pus subiendo en una viscosa marea. ¿Quién entiende el dolor?, ¿quién entiende el amor? Maldita guerra de inocentes.

Tú y yo necesitamos amor, amor sin fecha de caducidad, amor con etiqueta de garantía, no se admiten devoluciones, somos las que somos y esa grieta de la pared se formó en otros terremotos, otras catástrofes que dejaron asolado el mundo de entonces. Este es diferente, nuevo, las flores crecen entre las junturas y hay un atisbo de sol entre las nubes.

Corre, la última que lo encuentre, paga.

27.5.17

Rumor.



Me lo decía, eres tímido y linfático, mientras con las uñas le rozaba los omóplatos.

Con clarividencia de arúspice supe ver el final de la escalera, supe que había traspasado la línea roja incluso antes de sentirla en los tobillos, cuando estaba, oh iluso, a este lado (o a ese, desde la operación no veo con claridad).

Como en un juego de niños busco la puerta, ya no sé si para volver a entrar o para salir, desubicado, desequilibrado (nunca me ha gustado el circo)


Me lo decía, no hagas caso del Rumor, mientras me perdía en ella y así sea.

26.5.17

Son importantes demasiadas cosas.

 …Son importantes demasiadas cosas, el verbo, la palabra madre, las cartas vengativas que encuentro en los cajones con mariposas venenosas y rencor, las que no supe contestar, el rechinar de mis dientes, de las muelas con y sin juicio, un castigo, por eso nadie me ve, por lo que no hice, ¿será posible?, castigo de Dios que decían algunas abuelas, ¿Dios de mete en estas mezquindades?, que llevo bordadas mis iniciales en la ropa interior por sí, pero no, si no me ven ellas, como para sí, ¿bailas?, “no”, pues de follar ni hablamos. Tengo rotas las alas, sí, mi estatura mengua, mi apostura, mis pisadas son leves, se alargan mis adioses como trenes en una noche de estrellas negras, no me ven, no hay murmullos, ni fiebre, ni ojos detrás de las cortinas, inventario de infidelidades, cuadros torcidos, soy el que era, ¡eh!, pueblos desiertos, puertas sin llave, los alcaldes ya no bailan el aurresku y yo aquí, como un gato mojado pintado en la pared, un grafiti, no, soy un hombre, vivo, afilaré mis alas antaño escarchadas entre nubes rotas por aviones de plata, fiebre del miércoles noche, el que más, ahora el que menos, después de dos vueltas al mundo me he perdido en mi barrio, ¿quién soy?, la muerte como un búho en mi hombro de hombre, delicado, un san Tarsicio guardando en mi pecho lo sagrado, pasan los centuriones y nada, pasan los romeros de Almonte y nada, pasa todo dios y no me ve, todos fuimos alguien alguna vez, fui, no saben si soy, no me miran, parpados cerrados, mentes con cortinas, joder, voy a cortarme una oreja, curar la herida con luciérnagas y nieve, anegar mis pozos, proclamo mi sensación de inexistencia, la desposesión de mi caudal anímico, la resurrección imposible, la memoria, de mirar hacia dentro no veo lo de fuera, pero estoy, miradme. Estoy aburrido de que todo el mundo me ignore, de parecer invisible. Voy a teñirme el pelo de azul.    

(Suspiro)


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