Glup 2.0

20.11.17

Parisina


An unknown man and woman. Photographed by Robert Doisneau (1912-1994),


Parisina, te visualizo en una celda de lujo, incomunicada con el vecino Antoine, con los vecinos en general, con los ciudadanos de París sin orejas, con cascos, de todos los colores, en bicicleta, cabeza abajo, serios y concentrados en su mismidad, eso. Sigo visualizándote y se me pone la frente escarlata fruición por todo lo que copias, conoces, contrastas, descubres, imaginas, de fuera, de dentro, una artista like you. Que eres –imagino- una fuerza imparable y envidia me da saberte por esas calles que me recuerdan a las que veía en las películas de la segunda guerra mundial, la torre Eiffel al fondo, que cuando fui a Berlín por primera vez pensaba que las casas estarían derruidas y negras, con cascotes por las calles, y no, Berlín reluce, que es lo que tiene llegar a una edad, que recuerdas mejor lo que era que lo que es, ahora, demasiadas responsabilidades, o una, que lo que quiero es olvidarme de la escritura, de la informática, de la mística y estar tumbado en la playa de Langosteira,  leyendo los tres millones de libros que me faltan por leer,  escribiendo los míos,  nadando hasta el horizonte,  subiendo al Pindo para saber lo que hay al otro lado, siempre hay otro lado, otros valles, los edificios son diferentes, las personas son diferentes pero, ay, por dentro son muy parecidas, los mismos miedos, anhelos, sueños, ilusiones, ser, querer ser, o no, que también hay muchos que no saben dónde van, tú sí, parisina a la que no conozco, por esas calles llenas de nadie, de momento, hasta que traces una línea desde dónde estás hasta dónde llegarás y ese será tu camino, nadie puede andarlo por ti, como mucho a tu lado, disfrutando  tu alegría, que sé que me miras con una cara entre seria y chungona y vacilas y me llenas de risas cuando te llamo, medio en secreto, que no te conozco y sí, que puedes ser una gallina o la portera de la casa de Cortázar, una bailarina de Pigalle o una estudiante de Erasmus en prácticas de seductora de confiados redactores de páginas web, soul, blue, thing, think, cool, be, end, clock, esta es la carta que no puedo escribirte, amanuense de símbolos eróticos, corrector de estímulos, hay que ver, que te desconozco y te conozco. Más o menos.  

19.11.17

Agropecuario



Como no podía ser de otra manera, el mundo de la noche está poblado de personajes oscuros.

A veces ocurre que hablas, al borde del corazón del alcohol y alguno se ilumina y dice lo que nunca dice.

Aun así,  para cuando te das cuenta, amanece en la barra de un bar de esta ciudad con viento sur, llena de amantes que no aman, de individuos con cangrejos en la cabeza, con karramarros en el alma, personajes tan oscuros que son invisibles.

Me aburro.

18.11.17

Medio millón.




Asustado, acosado por mis fantasmas, perdido en mitad de un bosque de palabras, con ni sé cuántas páginas visitadas,  un exceso, un honor, un placer, una recompensa, muchas veces, aquí, un número redondo, bola de nieve que empezó a rodar hace tanto, goteo desde el 1 (uno), tan enriquecedor, tan compartido, tan grato, intercambio de emociones, conocimientos, sentimientos, sueños, pesadillas, crisis, traumas, recuerdos, imaginación, lo que es, lo que nunca ha sido, lo que puede que sea, cuentos, casi poemas, historias para dormir, para no dormir, para creer, para olvidarse de todo y zarpar desde un puerto entre la niebla, lluvia y sol, lágrimas, muchas risas, celos, ternura, cariño, envidia, comprensión, miradas detrás de la cortina, nombres propios, anónimos, compañeros, amistad, amor creciendo, admiración por lo descubierto en tantas páginas que han enriquecido esta, tanto arte de tantos artistas, pero, la fama, amigos, me asedian, me siguen, escudriñan mi vida íntima, quieren entrevistas, mis puntos de vista (no saben que tengo  un acusado estrabismo), me revisan la basura, el buzón, interrogan al cartero, al notario del primero, no puedo salir a la calle, siempre tengo dos fotógrafos en la puerta de casa, mis amantes se buscan otro (s), mis novias me dejan aburridas de los paparazzi, mis amigos me detestan, me huyen, dicen que la fama se me ha subido a la cabeza (donde tengo el cangrejo), que me he vuelto un creído (un ateo como yo), que no pago una ronda en los bares, que escribir así es de moñas (quizás lo soy un poco, pero por si acaso les he partido la boca a dos), que me he tenido que ir al pueblo (ese que no tengo), lejos de los focos, a escribir en calma (si aquí saben que soy poeta me tiran al río), por eso estoy aburrido, ¿entendéis?, necesito calmarme, pensar, crear, rimar, imaginar, los artistas necesitamos paz, aun así, ayer, paseando por los campos de trigo me seguía el corresponsal del País con un fotógrafo zurdo (le rompí la cámara a cantazos), pero pensando, pensando…estoy convencido, dejo la literatura y me dedico a la magia del cine.


17.11.17

Antes es ahora



La vida es hacer lo que no se debe, desaprender, sorprender (te), matar la rutina.

Soy un hombre de una edad, es decir que estoy vivo.

Escribo como forma de expresión, de comunicación, de acercamiento a los otros.

Antes componía collages, dibujaba, cantaba, corría, antes hacía muchas cosas.

Pero resulta que ahora  también es antes y luego es ahora y me estoy dedicando a la disfrutar de los días.

Sigo vivo, sin rutina, alegre, ilusionado con un proyecto, seguir así.

Antes es ahora y tú y yo estamos vivos.

16.11.17

Que aproveche




Un día cualquiera, un día más, enseguida viene el fin de semana, el sábado iré, el domingo voy a, suena el teléfono a la noche, algo pasa, mi madre se está muriendo, Pedro, cómo hiciste tú lo del entierro y eso, mis condolencias, mi apoyo, mi disposición para lo que necesite, las conversaciones después de tomar unos vinos, la lengua suelta, las confidencias, los secretos, lo que no se dice, aquí y allí hablamos de lo mismo, en castellano, en inglés, en francés, sentimos lo mismo, queremos lo mismo, gozamos y sufrimos con lo mismo, me han despedido, me llamaron a media mañana y fuera, llevaba quince años, ¿qué hago ahora?, agobio del trabajo, maldición y necesidad, estar alerta, la lucha por las horas en zigzag, cremallera arriba y abajo, el rostro marchitado, su belleza, aún, con surcos bajos los ojos, deshojados, soy feligrés embozado en un descansillo de su escalera, flor y fruto de una adolescencia herida, un tic-tac, la huida, un sobretodo antiguo, de cuadros, me daba vergüenza que me viera, el placer de la ternura, sus manos detenidas en el aire quieto, la marea, un pájaro, el sauce que cortó por las raíces que hacían peligrar los cimientos de su casa, ya sabes, orgasmo es una palabra antigua, y hormonas, cuchillo de su voz diciendo no, sí era la balsa de Medusa y comernos los unos a los otros, el estío reverbera, cuento cuántos, me quedan, no es broma, lo sabes, Mozart, poemas azules en la aurora, un día deslomado, una pregunta inquieta, el zinc del laboratorio aquel, amoroso rumor en las manos de mi madre, un jinete cabalgando la nostalgia, pronúncialo en italiano, un desliz infantil, el oprobio en público, mi impotencia de niño asustado, resentimiento, el suelo de mármol de una iglesia del Trastévere, un guerrero de bronce, un alfil caído, respeto, la poesía tatuada en este gesto de escribir en la penumbra, escondido, este soy, esta es la llave, librería frente a Notre Dame,  habitación de un hotel en Manhattan,   el bisturí sobre su piel  hermosa márcame, soy tuyaque lo sepan, el águila del sexo, las barreras, buscar al ensimismado médico y golpearle, sin motivo aparente, por sorpresa, en mitad de la calle, toma, toma, dos bofetadas y seguir caminando tan tranquilo, baldosa sí, baldosa no,  variedad métrica, ramillete de versos de mi barrio, repertorio de voces, granizo, caverna, crepúsculo, horror, clítoris, niebla en la lengua, palabras para gustarlas, para chuparlas, para saberlas, el juez en el follaje, la dádiva de su cuerpo enjuto, sometido, haz de mí lo que quieras, ardíamos, desde sus caderas esquivas a mi torso de nadador reciclado, nos quitamos la ropa y fuimos uno, dos, tres, envejecimos amándonos como fieras, mordiéndonos las ganas, los muslos, aureola de mis poemas ocultos detrás de libros de Jung, los santos inocentes repartiendo zapatos a los cojos, este sí, este no, me sobran dos de pie izquierdo, entre algodones la señal de su tragedia o el aplauso, Lucifer entrando en el mar, cronología de nada, hoy, que aproveche.    

15.11.17

Más o menos después de.

Auguste Toulmouche (1829-1890).

Pues nada relájate que, sí, de tanto encogerte por frío y recuerdos malos te vas a absorber por el ombligo y te vas a dar vuelta, una madeja de mujer, un recuerdo de la chica que reía con la cara iluminada, de la señora estupenda hacia la que se volvían todas las miradas playeras, con burka o bikini, con sombrero o con el pelo al viento de no saber que estamos de paso, que la tensión se sube a la cabeza y lo mismo se te va el santo al cielo y esto es un infierno imposible de salir sin guía o báculo, sin mapa o miguitas dejadas por el último caminante del bosque en que se convierten los pensamientos negros, esos que te muerden algunas noches cuando dejas en la balanza que dos horas gozosas no compensan semanas de espera de no saber qué, o quién, si ya todo está dicho, escrito y ni te imaginabas que de una llamada iban a salir tantos problemas, ese agobio de un macho en celo, que no celoso, que te requiebra y quiere prender la hoguera mientras tú aplicas extintores de sentido común y calma, mordiéndote los hígados, él lo sabe, pero tú en tu puesto, digna como abadesa de un monasterio burgalés, estoica como una santa Teresa del Niño Jesús, señora como la que más, estaríamos buenos si nos dejásemos llevar por nuestros más bajos instintos, quiá, prudencia y serenidad, cilicios y codos en el pecho del bailarín, distancia y alambres de espinos si hace falta, que no lo hará, pero por si acaso, el amor en un pedestal, la amistad en una urna, vosotros tonteando como chiquillos sin saber dónde os lleva, él con su santa y tú, ahora, dentro de un rato, a misa de siete.

14.11.17

Más o menos antes de.



Bella de los bosques desarbolados, emperatriz de la estepa del sentimiento, mire usted, vacíe los prejuicios que sobre mí tiene como si fuese un crustáceo al que se come los adentros, una langosta sabrosa que fue y ya no es. Míreme, doña, como a un hombre al que conociste hace ya y al que la vida, como a todos, transformó en este que es. Es decir que somos y no somos, que fuimos y somos, los mismos pero otros. Y no quiero enviarte un revoltijo de sí pero no, sino de esto es lo que es, o algo así. Ya no sé cómo, si tú estabas asomada a estribor del barco o si  lo embarranqué a propósito en algún arenal costero, sé que naufragamos. Aquí estamos, confundidos, en la isla de desearnos con miedo, de sentir los gritos del alma, de la carne, de querernos comer y no atrevernos. Puede ser que nos falten bendiciones, normas, reglas, consentimiento moral, el libro que diga esto sí, que permita, el visto bueno de quién no puede darlo. Puede ser que nos sobren ganas, de principiantes, de ávidos vigías del placer, que pensemos, pienses, que algo tan dulce deber ser malo por fuerza. Algo nos grita y nos impulsa, un diablo nos tienta, nos tienta mucho, nos hablamos en susurros y el día comienza, aún no ha amanecido, con promesas que esto es lo que tenemos, la vida, las obligaciones, los secretos, este hilo tan frágil, tan fuerte, un bramante que no podemos cortar aunque no nos convengamos, seamos amigos, primos o habitantes del país de todas las ilusiones. Yo qué sé, sé que este beso atraviesa las marismas gaditanas,  se posa en tu frente y busca tu boca, aunque la escondas. Ay, cuando seas tú y busques la mía, desvergonzada,  tú, dueña de tus deseos y de satisfacerlos,  yo, ¿qué pasa?, ¡bésame!   
Más o menos, antes de

13.11.17

Distancia = olvido (¡no!).


Nils-Erik Larson, Old groupies, Sweden, 2013.


Dicen que la distancia es el olvido pero yo no concibo esa razón que  los perros que muerden la mano que les alimenta son peligrosos, quizás más que los gatos que menean la cola mirando hacia otro lado, un poco menos que un übersexual enfadado, que no sé muy bien qué es lo que es, ay de mí, pobre ignorante, que además estoy perdiendo el gusto, el tacto y el olfato, que tuve una temporada –época de mi vida, el pleistoceno- que no tenía gusto por nada, que estaba desganado, lejos del goce y las alharacas, ajeno a fiestas, saraos y guateques, un soso, ya te digo (yo), menos mal que no hay mal (perdón por la redundancia) que cien años dure ni paisano (no) (perdón por señalar) que lo aguante, que digo, o quiero decir, que lo que aquí dejo no son palabras dictadas por una paloma torcaz, ni siquiera se me ha aparecido una virgen sobre un manzano en flor o una zarza ardiente, la mayoría de las ocasiones son incoherencias que se me ocurren producto del aburrimiento, de la súbita inspiración a veces, de la ingestión de bebidas espumosas o decididamente alcohólicas, de la lenta digestión de alubias con todos los sacramentos, amén, del goce junto a personas de esas que las conoces y parece que ha empezado otra vida, algo así como un vis a vis con la eternidad, el descubrimiento de una nueva especie de ave o reptil, mamífero de los que nadan, tortuga o caminante a la altura de Triacastela que, te lo juro, es un pueblo donde dormí fuera de la iglesia, en el cementerio (leches, no se me apareció nadie esa noche, ni siquiera la hija del dueño del bar donde cené que eso sí que era una hija) y así cada madrugada a las doce (o clock) pero, de qué nos sirve todo esto si el futuro ya está aquí y estamos enamorados de la moda juvenil y acumulo escritos en el camarote de invitados que un amanecer escuché un crujido y creo que nos estamos inundando, consecuencia de vivir a la deriva y no bajo los puentes del Sena, aquí con unas amigas. Pues eso, glup.

12.11.17

Leído en un avión.



En  Madrid hay una calle llamada de Gil Imón,  haciendo de travesaño entre el Paseo Imperial y  la Ronda de Segovia, para más señas. Es una calle dedicada al que fue alcalde de la capital,  D. Gil Imón, en los tiempos en que el duque de  Osuna organizaba sus célebres bailes, a los que acudía la alta sociedad, para poner en el  escaparate familiar a jovencitas de la buena  cuna, como oferta casadera. A las damitas de  entonces se les aplicaba el apelativo de  "pollas", que en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) llevan, como sexta  acepción, figurada y familiarmente, el  significado de jovencitas, algo que hoy  prácticamente se ignora. La polla de entonces no  tenía nada que ver con el significado de morbosas connotaciones por el que ha sido  sustituido ahora.

El tal Don  Gil era un personaje de relieve (la prueba está  en que tiene dedicada una calle) y su nombre  aparecía frecuentemente en los ecos de sociedad  de las revistas del corazón de la época. El  hombre se sentía obligado a responsabilizarse de  sus deberes familiares, como buen padre. Tenía  dos hijas en edad de merecer, feúchas, sin  gracia, y bastante poco inteligentes. Y se hacía  acompañar por ellas a absolutamente todos aquellos sitios a los que, invitado como primera  autoridad municipal, tenía que acudir.

-¿Ha  llegado ya D.  Gil?
-Sí, ya ha  llegado D. Gil y, como siempre, viene  acompañado  de sus pollas.

Mientras D.  Gil se encargaba de atender las numerosas  conversaciones que su cargo de alcalde  comportaban, sus pollitas iban a ocupar algún  asiento que descubrieran desocupado, a esperar a  que algún pollo (o jovencito) se les acercase,  cosa que nunca sucedía. La situación, una y otra  vez repetida, dio lugar a la asociación mental  de tonto o tonta con D. Gil y sus  pollas.

¿Cómo  describir esa circunstancia tan compleja de  estupidez?  Los imaginativos y bien  humorados madrileños lo tuvieron fácil: para  expresar la idea de mentecato integral e  inconsciente ¡Ya está!: Gil (D.Gil)-y-pollas  (las dos jovencitas hijas suyas) = gil-i-pollas.  Cundió por todo Madrid, que compuso esta palabra  especial, castiza, nacida en la Capital del  Reino y, después exportada al resto de España,   ganándose a pulso con el tiempo el derecho  de entrar en la Real Academia  Española.

11.11.17

He sido ingrato, perdóname









Antes Bilbao era una ciudad fría y lluviosa. Hoy repite el cliché. Hasta el metro era una ciudad desierta. Hoy también lo es. Tomo vinos con los míos (¿?) por Indautxu. Estoy aburrido. Los bares se vacían. Quedamos los de siempre, los últimos, los que hablamos con el viento, los que buscamos lo que no hay. Aquí al menos. Que días más duros. Quizás no hay cara oculta de la luna y las nubes son un subterfugio. Una noche negra. Quizás no hay más que esto, vino y risas después de un día aciago. Seguro que de madrugada me duele el estómago.

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