Glup 2.0


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24.3.17

Desaparición.



Volaban las brujas por el cielo de Estambul (también), mi lengua chasqueaba, repetía una salmodia «¿qué será de nosotros?», se desbordaban los ríos, el agua estancada en los pozos se volvía negra, las paredes se fracturaban, aparecían cabezas de niños entre las ramas de los árboles (olmos concretamente), el dinero era un factor, el factor, la factoría de las contrariedades, la cornisa de un tejado, la preferida por los suicidas, la bisagra que abría o cerraba una puerta ondulante, una explosión de perdón y nervios, voces, ella escuchaba voces, los tilos de la avenida destilaban un líquido verde, pútrido, morían las hormigas y las gacelas, las traineras surcaban la ría y los remeros miraban obstinados, intranquilos, un horizonte detrás de las olas de la barra del puerto, pegué mi oreja al suelo reseco, a la tierra sembrada de augurios, ecos de ayer, presagios de mañana, toqué su cadera y estaba fría, quise tocar su corazón y nada había, cesaron las imágenes, los ruidos, la habitación se llenó de niebla y desaparecimos, los dos.

23.3.17

Parker y la concupiscencia (segunda pàrte).


Parker me ha vuelto a llamar. Dice que ha estado con Marie y que sabe, que ya va entendiendo lo que es la concupiscencia.

Me lo explica, con lentitud, recreándose.

Dice que Marie ha llegado a la cita como la reina de Alejandría, bellísima.

Dice que Marie es muy atractiva, magnética. Algo le molestaba en el hombro. De forma natural me ha enseñado el leve y delicado tirante de su sostén, negro. Dejaba un delicioso surco en su piel tersa y blanca. Es tan espontánea.

Mientras paseaban tomados de la mano por el muelle nuevo relucían los yates en los pantalanes, cabeceaba un viejo pesquero pintado de verde, estaban los mástiles con banderolas de fiesta, Marie reía y entre sus labios brillaba la eternidad.
  
Volvían a puerto las barcas de los que cacean a verdeles, los botes de jubilados que intentan cenar chipirones encebollados. El frío viento del norte que riza la superficie de la bahía llenando el mar de espumas hace que Parker y Marie junten las cabezas susurrándose confidencias al oído mientras pasan al lado de aburridos pescadores de congrios, de las que cosen las redes, de los gatos indiferentes.

Sin pretenderlo (o sí), Parker roza el costado de Marie debajo de su chaqueta acolchada y en cada poro de su cuerpo se izan banderas de alerta, un tambor que avisa, un temeroso ejército de esclavos levanta una pirámide, ríe el faraón de Egipto sentado en su trono de marfil, de perfil. Parker siente la celebración de la primavera y todas las músicas, el deseo de amar a Marie de norte a sur, colocar una brújula en su frente y explorarla más allá de sus fronteras, sus pero bueno, la línea Maginot, el día D y cómo es que tiene tanto calor con ese frío.

Parker entiende lo que concupiscencia, tiene un deseo desmedido de satisfacción carnal con Marie y ya no se muerde la lengua.   

Justo en ese momento se producen las interferencias telefónicas típicas de media tarde y la voz de Parker se pierde hasta mañana.


Moral católica

En su sentido más general y etimológico, concupiscencia es el deseo que el alma siente por lo que le produce satisfacción, "Deseo desmedido" no en el sentido del bien moral, sino en el de lo que produce satisfacción carnal; en el uso propio de la teología moral católica, la concupiscencia es un apetito bajo contrario a la razón. Aquí apetito quiere decir inclinación interna, y la referencia a la razón tiene que ver con la oposición entre lo sexual y lo racional, no con el uso común de la palabra razón. El objeto del apetito sensual, concupiscente, es la gratificación de los sentidos, mientras que el del apetito racional es el bien de la naturaleza humana, y consiste en la subordinación de la razón a Dios. En la práctica se llama apetito al apetito sensual, o concupiscente, y razón al apetito racional así entendido.

La Iglesia Católica distingue entre concupiscencia actual, que son los deseos desordenados, y concupiscencia habitual, que es la propensión a sentir esos deseos. La concupiscencia no se identifica en la moral católica con el pecado, sino con la inclinación a cometerlo, pero en la fe cristiana sí se identifica con el mal puesto que la Biblia así lo describe en la Epístola Universal de Santiago, capítulo primero versículos 13 al 15: "Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte". Esto tiene que ver con las distintas interpretaciones del pecado original, que para los teólogos cristianos corrompió la naturaleza humana, hasta entonces inclinada al bien, y para los católicos privó a los hombres del don que hasta entonces compensaba la propensión de la naturaleza humana, desde su mismo origen, hacia el mal.

La inclinación al mal del bautizado es explicada de diferente manera por católicos y por cristianos. Para la Iglesia Católica, por el bautismo le es perdonado al católico el pecado original (aunque ésta tradición no tiene ningún sustento Bíblico), aunque no es eximido de sus consecuencias por él; así que no recupera el don perdido, igual que no recupera la inmortalidad corporal, que si bien no era parte de la naturaleza propiamente humana antes del pecado de los primeros padres, sí se ha considerado como una gracia especial de la que gozaban los primeros padres Adan y Eva. Esta gracia de la inmortalidad se perdió como castigo a su pecado. Los cristianos, basados solamente en el verdadero significado del bautismo como se describe en las Sagradas Escrituras, consideran que el bautismo no perdona ningún pecado, y por eso no desaparece con él la concupiscencia.
Desde sus inicios, en el catolicismo se han definido tres enemigos del alma, que son el origen de la concupiscencia, a saber, el mundo, el demonio, y la carne.
(De Wikipedia)

22.3.17

Parker y la concupiscencia (primera parte).

Concupiscencia.

En la teología cristiana, se llama concupiscencia (del latín concupiscentĭa, de cupere, desear, reforzado con el prefijo con) a la propensión natural de los seres humanos a obrar el mal, como consecuencia del pecado original.

La especial insistencia de la enseñanza moral cristiana en centrarse en las cuestiones de conducta sexual, ha producido un cierto riesgo en el significado, dotándolo de ese contenido, que se observa en expresiones como «miradas concupiscentes». Sin embargo, el concepto es más general, y atañe a todas las dimensiones de la conducta. Según el Diccionario de la lengua española (de la Real Academia Española) la concupiscencia es, ‘en la moral católica, deseo de los bienes terrenos y, en especial, apetito desordenado de placeres deshonestos’. (De Wikipedia)




Parker no sabe qué es la concupiscencia, le ha salido en un crucigrama y lee su definición (en la moral católica, deseo de los bienes terrenos y, en especial, apetito desordenado de placeres deshonestos). Se sorprende. Él no desea bienes terrenos y no sabe cómo medir su apetito de placeres. Mucho menos sabría limitar lo desordenado o lo deshonesto en esa cuestión. Es más, aún siendo como es un ciudadano respetuoso con ideas y creencias ajenas, como el alma y el cuerpo le piden satisfacción a todas horas, le parece un concepto inquietante.

Sigue con el crucigrama, el tres vertical, el cuatro horizontal, pero esa palabra, tan larga, le sigue bailando ante los ojos, concupiscencia. Parker es más de al pan, pan y al vino, vino y esa propensión natural de los seres humanos a obrar mal le suena a cuento chino, a negocio, a gato por liebre, a desafío. No recuerda en sus comportamientos esa propensión, al contrario, su propensión es hacia el bien de los semejantes, empieza por su propio bien y sigue por ellos, los semejantes. Con los que no son semejantes tiene más problema pero lo soluciona eludiéndolos en la medida de lo posible.

Mientras me cuenta todo esto, por teléfono, se muerde la lengua, para no decir todo lo que piensa –musita. No le entiendo demasiado bien. Entre su idioma y lo de la lengua debo traducir sonidos, palabras entrecortadas, ideas truncadas  y, claro, así no hay forma de escribir. Cuelgo (el teléfono).

21.3.17

No quiero cambiar ni un solo párrafo al recuerdo.



No quiero cambiar ni un solo párrafo al recuerdo.

Me miraste y la lluvia cesó, me encontré y queriéndote me quise, me viste bella y supe que lo era, me deseaste y llenaste mi cuerpo de deseo, una avidez verde, de tempestad, de pañuelos de seda y tanta dulzura.

Entre mis brazos eras tan hombre que pudiste llorar, desperdigar tu infancia de juegos y distancia, ser tú y otros, todos. Aunque detrás de los postigos hubiera oscuridad, caballos dormidos, árboles deshojados, nunca llegaba la noche, cuando yacíamos, siendo uno, era de día, relucían las naranjas y mi alma, alma mía.

Solo anocheció cuando quise, cuando el miedo detuvo la caricia de tus manos en mis muslos, te llenó la boca de palabras huecas. Ya no estabas, lo supe, tenías la cabeza dividida, confundías los nombres, las citas, se te llenó el pecho de relojes retorcidos, huraños, me amabas de prisa, sin besarme, sin esparcir flores de lavanda, sin Mozart, con grillos.

Naufragamos en la oscuridad, nuestros cuerpos se acoplaban como antes y gemía, vaya que sí, extendías aceite en mis heridas pero ya era otra y lo supiste, descubriste las ruinas y las olas, los pájaros en las nubes, la mirada ausente, tampoco tú  eras y la fecha estaba en rojo y hambre, la búsqueda en el baúl, el oblicuo cansancio, las gaviotas.

Sentada en la penumbra te imagino, quizás una sombra en el muro, el viento que agita las sábanas tras la verja, mis caderas ansiosas, las nubes que no cesan, un barranco al sur donde las cabras juegan, mis brazos abiertos frente a un mar amargo, las aves que no vuelven al jardín, la tórtola que ayer nos despertaba, aquella anciana en su sillón de mimbre, los barcos en el puerto, el ruido que zumba en mi cabeza, erraste el rumbo tibio, mi itinerario es añorarte ahora, eres lo perdido, sin mapas, sin regreso, la ausencia.  

No quiero cambiar ni un solo párrafo al recuerdo.

20.3.17

Aquel momento.



El rocío nos mordió de madrugada, los mastines espantaron el rebaño de goces, azafrán derramado en la mesa, flores secas y música ajada. 

La estancia era dulce y transparente, sentí tus manos acariciar las mías, busqué tu cuello con los labios y encontré la húmeda puerta de mármol, nos miramos y el vértigo nos anegó. 

Lloramos de tan felices.

Agitabas cascabeles en los tobillos desnudos.

19.3.17

Domingo de constelaciones



Hoy es un domingo de constelaciones, un día de iluminación a través de textos que encontré debajo de una piedra cuando fui alacrán, cuando las evocaciones, los recuerdos estaban en la celda 214 del penal aquel, una conexión de elementos independientes en una primera mirada, convergentes en la segunda y un solo elemento en la tercera y última que es cuando me bajo ya que es mi parada.  

(Vaya, ahora que se ponía interesante). 

18.3.17

Parker y la videncia



Parker tenía una novia doctorada en descifrar los sueños.

Vivía de lo onírico pero no descuidaba lo erótico.

Todo iba bien entre los dos hasta que a ella le entró la videncia.

Adivinaba no solo lo que había pasado sino lo que iba a pasar.

Por eso dejó su trabajo y a Parker, se dedicó a pronosticar bodas de famosos, cambios de presidente, bautizos, inundaciones en el levante y catástrofes varias. Colaboraba en varios programas de televisión y en una revista de moda. A veces acertaba, a veces no.

Lo nuclear lo clavó pero nadie le hizo caso.

A través del cristal del refugio Parker ve la soledad del caos, se pregunta si es el único que atendió la predicción.

En la cuarentena tendrá tiempo para contestarse.

17.3.17

Paul Valéry

"En todas las artes hay una parte física que no puede ser tratada como antaño que no puede sustraerse a la acometividad del conocimiento y la fuerza modernos. Ni la materia, ni el espacio, ni el tiempo son desde hace veinte años, lo que han venido siendo desde siempre. Es preciso contar con que novedades tan grandes transformen toda la técnica de las artes y operen por tanto sobre la inventiva, llegando quizás hasta a modificar de una manera maravillosa la noción misma de arte"


Este párrafo pertenece a "La conquête de l'ubiquité" y lo escribía Paul Valéry en 1934. No sé qué hubiese escrito de haber conocido internet y todas sus posibilidades.

Mi vida se ha convertido en un puro link, salto de acá para allá queriendo beber en todas las fuentes. Como un niño en una juguetería interminable quiero conocer todo, tocar todo, subirme en todos los artilugios giratorios, disfrutar de las luces, música, colores, literatura, del saber, abrir todas las puertas a mundos nuevos, chupar las paredes de esta casa de chocolate y caramelo, disfrutar sin fin de este conocimiento compartido. 

Pero es tiempo de parar, ya es viernes.
Te deseo lo mejor para este fin de semana, estés donde estés.

16.3.17

Algunas precisiones.



Este blog glup (2.0) es un robot, funciona con monedas de 1 euro. Introduzco mis ahorros mentales por la ranura y, tachaaaaaaaán, se hace la luz del post diario. Esto tiene partes buenas y malas, como todo. Sé la parte mala, me impide desarrollar mi (posible) creatividad, todo el mérito se lo lleva la máquina, el medio, el mensaje se diluye como agüita clara por un desagüe desasosegado. La parte buena es el cariño (está muy bien eso del cariño que canta Kiko Veneno).

Lo digo porque una amable visitante me dice/escribe/pregunta sobre las líneas negras al lado del título. Son los cables que van al enchufe. Es decir, hay que estar enchufado, conectado, comunicado, en onda, atento a la jugada, prestos para rematar, Messis permanentes al borde del área (o Cristianos, o Aduriz, etc, según las preferencias).

Otra visitante (¿solo entran señoras y señoritas al blog?) se interesa por Parker. Pues bien, querida dama, Parker no existe, ni Marie, posiblemente ni usted ni yo existamos y a veces veamos muertos. Solo existe lo que no existe, vamos y venimos por estas páginas con nombres imaginativos pero estrafalarios, todo es ficción y apenas hay fricción (que es lo rico, lo que es).

Y así va la cosa.


15.3.17

Ella dormía a mi lado.



Primera parte.

Ella dormía a mi lado.

A mi lado era un territorio de límites difusos. Empezaba entre el Éufrates y el Tigris y terminaba en el desierto de Atacama. O así.

Incluso Ella también era difusa.

También puede ser que fuese yo quién estuviese confuso y limitado.

Aterrado.

Al principio el proceso de comunicación era satisfactorio, estaba lleno de aromas, sabores, tactos, fluidos, complicidad, goce, eso, sí.

Pero hay un momento, uno, en el que el proceso se altera. Más o menos se puede resumir así:·         
  • Estoy cansada.
  • No
  • Uhhf.
  • (Silencio)
Ella dormía a mi lado y la noche era más larga, las sábanas estaban tapizadas de botellas rotas, una pared puntiaguda, perros negros rondando, rotundos vigilantes de una imaginaria pero inamovible línea, una grieta que sangraba, un abismo, nada que ver con el país tropical de antaño.  

Segunda parte

Pasaron demasiadas cosas y no pasó nada,

Ahora duermo solo. Dormir es una forma de definir mi insomnio. Soledad es una certera definición de mi ahora. Dolor es la segunda acepción. Hastío la tercera. Y fin la forma de terminar esta confesión. Fin.

Traductor

Se quedaron

Lo que hay.

Algunas ilustraciones, fotografías, dibujos, etc, que acompañan a los textos han sido
tomadas de internet y puede que no conste su autor.
Si algún propietario no desea que figuren en este blog, me lo comunica y las retiro.

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